Texto de Eva Alfonso

"Soltémonos el pelo, liberemos a los peces atrapados en un sólo pez, a los pájaros atrapados en un sólo pájaro, saboreemos, bailemos...". Eva Alfonso

lunes, 25 de agosto de 2008

Terapia Bioenergética


“ La Bioenergética es una técnica terapéutica cuyo objeto es ayudar al individuo a volver a su cuerpo y a gozar en el mayor grado posible de la vida corporal(...).


El que no respira profundamentre reduce la vida de su cuerpo. Si no se mueve con libertad, restringe la vida de su cuerpo. Y si está constreñida u obstaculizada la Expresión de sí mismo queda disminuida la vida de su cuerpo.”


“En la actualidad, el interés por el cuerpo se hace en dos direcciones: una de ellas tiene por objetivo un cuerpo apto para la acción, la otra un cuerpo vivo y sensible. Si el acento se pone en la aptitud para el ejercicio, ya sea en el deporte o en otra actividad, se considera al cuerpo como una máquina cuyo rendimiento ideal es un 100 por ciento de eficiencia. Cuando la atención se pone en la vivacidad y la sensibilidad, se ve al cuerpo como la encarnación del espíritu. El ideal es un cuerpo que sea capaz de expresar plenamente los sentimientos y emociones de la persona, y de responder totalmente a los sentimientos de los otros. Un cuerpo así se caracteriza por su belleza y su gracia naturales, por la flexibilidad del porte y la soltura del movimiento. El cuerpo eficiente se caracteriza por su fuerza física, su resistencia y la efectividad del movimiento; su tónica es la acción, en tanto que lo que inspira al cuerpo sensible es el sentimiento.


Pero los dos objetivos –la aptitud para la acción y la sensibilidad para el sentimiento- no se excluyen mutuamente, a menos que se los lleve a los extremos. Un cuerpo sano puede ser a la vez fuerte y sensible, eficaz en sus movimientos sin dejar de realizarlos con soltura, estar controlado y mostrarse espontáneamente vivo. Es más: habría que decir que, a menos que se hallen presentes ambos aspectos, no se puede considerar que el cuerpo sea sano. Tal es, de hecho, el estado natural de todos los organismos animales, por que si sus movimientos no fueran eficaces, y si no tuvieran sensibilidad en la percepción de su medio, no sobrevivirían en su hábitat. Los seres humanos son diferentes. Nosotros no vivimos en condiciones naturales, en la naturaleza tal como es, sino en un medio que es una creación cultural. Nuestra fuerza se ve multiplicada por el poder de la maquina, y nuestro control sobre la naturaleza ha crecido en una medida casi inimaginable. Al vivir en este medio, nuestro cuerpo ha perdido muchas cualidades características del animal en estado salvaje: se ha vuelto rígido, tenso y frenado en sus movimientos. Dicho muy simplemente: nuestros cuerpos no están sanos ni en forma.


Se comprende, pues, que necesitemos hacer ejercicios físicos para restablecer la salud del cuerpo, para volver a ponernos en forma. Pero los ejercicios que hagamos dependerán de la visión que tengamos del cuerpo. si lo vemos como un instrumento de la voluntad, como un mecanismo para la acción, escogeremos ejercicios que nos desarrollen los músculos para lograr fuerza y control. Para este punto de vista, la salud se equipara con un cuerpo firme y duro, y con una actitud psicológica recia y agresiva. La blandura es signo de debilidad, por no decir de enfermedad. En un cuerpo duro y tenso, los sentimientos han sido negados, suprimidos. Desde el punto de vista opuesto se ve al cuerpo como fuente de los sentimientos, como un vehículo para su expresión, y la salud se equipara con vivacidad y sensibilidad. Los ejercicios escogidos serán aquellos que requieran que la persona sienta qué sucede en su cuerpo cuando se mueve. Tales ejercicios no se pueden hacer mecánicamente, por eso no se los puede practicar con máquinas y aparatos. Hechos en la forma adecuada, el resultado es un cuerpo cuya fuerza reside en su vigorosa suavidad, no en la rigidez; que posee más dominio y equilibrio de sí que control. Yo no creo que un cuerpo musculoso y excesivamente desarrollado sea un cuerpo sano. La rigidez corporal es un signo de muerte, no de vida. En la muerte, uno se pone totalmente rígido. En la medida en que podamos evitar la rigidez, nos mantendremos más jóvenes, más sanos y más abiertos al placer. .[1]



, U[1] Lowen, A. En: “Sentir el cuerpo” (1988) M. Haxthausen y R. Lemanrano, Barcelona.

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