Texto de Eva Alfonso

"Soltémonos el pelo, liberemos a los peces atrapados en un sólo pez, a los pájaros atrapados en un sólo pájaro, saboreemos, bailemos...". Eva Alfonso

sábado, 18 de febrero de 2012

Danzando-Pariendo


Hace ahora casi un mes que el pequeño Bruno nacía.

Estuve junto a su madre, Alejandra, durante 12 largas horas, en las que pude comprobar como aquella mujer se iba transformando poco a poco.

Para mi sigue siendo mágico y misterioso ese momento.

La transformaci'on empieza a ser más evidente cuando ya las palabras sobran, cuando la ropa empieza a caer al suelo, cuando los gemidos, sudores, lágrimas y risas se mezclan con agua fresca y abrazos cálidos. Y esta transformación ocurrió en esta ocasión en un hospital público de Madrid.

Hasta ahora sólo había acompañado a mujeres en nacimientos en casa o en la maternidad Acuario.

Hace un mes tuve mi primera experiencia como doula en un hospital "convencional".
Al hospital llegamos Alejandra, su compañero y yo. Llegué con las esperanzas de que me dejaran estar con ellos, a pesar de que no es lo habitual en estos lugares.

Alejandra tuvo que elegir entre estar con su pareja o conmigo. La situación fue extraña porque Alejandra quería, necesitaba estar con los dos, y porque la matrona y enfermeras se quedaron con "cara de poker" cuando comprobaron que ante tal situación, la futura madre decidió que pasara yo con ella en lugar de su compañero.

Era la primera vez que una doula acompañaba a una mujer de parto en ese centro.

Hice lo posible por crear un ambiente familiar, íntimo y acogedor, siendo al mismo tiempo muy respetuosa con las profesionales que atendían a Alejandra.

Nos permitieron poner música suave. En la habitación-paritorio había un equipo preparado con tal fin, aunque parece ser que muy pocas parejas lo aprovechan.

También me permitieron poner incienso. Aquel olor ayudaba mucho a dar calma. Nos quedamos casi totalmente a oscuras, y Alejandra pudo moverse todo lo que quiso en todo momento.

Desde las paredes de la habitación nos estuvieron observando silenciosos, durante toda la noche, unos árboles y pájaros de colores y formas increíbles.

Preciosa idea para decorar la habitación donde está naciendo un nuevo ser.

Después de una hora me había olvidado casi de que estaba en un hospital...

Después de cinco horas la cosa empezó a cambiar... Alejandra estaba ya dilatada de 5cm., las contracciones eran ya más intensas, y ella se retorcía a cada nueva oleada de su vientre, agarrada a las correas de monitorización.

¡Le era imposible de soportar el contacto de las correas con su vientre hinchado en medio de las contracciones!

Yo nunca había estado al lado de una mujer que estuviera dando a luz con monitorización continua.

En mis partos tampoco estuve monitorizada.

Ni siquiera en La Paz...,¡¡¡no les dio tiempo a ponerme las correas!!!

En una ocasión, cuando ya estábamos con Lucila, la segunda matrona que nos atendió aquella noche, le pregunté con suavidad si no era posible hacer monitorización intermitente.

Aquellas correas se incrustaban en el cuerpo de Alejandra en cada contracción, y me parecía que, ya que todo estaba llendo estupendamente con el bebé, podía estar siendo más perjudicial que beneficioso obligar a la mujer a mantenerse con aquello alrededor de su vientre.

Llegó un momento en el que yo no sabía si el dolor más insoportable venía de la contracción o de las correas...

Las matronas parecían no estar por la labor de quitar aquello. Protocolo hospitalario, supongo. Por sus comentarios, era casi la primera vez que veían a una mujer pasar tantas horas de dilatación sin epidural.

Yo me quedé helada...

En mi caso, nunca había estado al lado de una mujer que hubiera parido con epidural. Imagino que con la analgesia no se sienta la presión de las correas...

Aún así Alejandra luchó como una leona. Se levantaba, se ponía de cuclillas, ponía a prueba sus pulmones respirando de maneras imposibles para mantener oxigenado al pequeño Bruno.

Ella hizo lo mejor que pudo.

Aún así la dilatación se interrumpió en cinco centímetros y decidieron empezar con el protocolo de aceleración del proceso...

Fue en ese momento cuando sentí que Alejandra estaría mejor con su compañero. Le pregunté si quería que le llamara...

Con lágrimas en los ojos me dijo que sí.

Yo me despedí y aseguré a la enfermera que estaba allí que no intentaría pasar de nuevo.

Al parecer estaban preocupadas ante la idea de que estuviéramos saliendo y entrando de la habitación como si estuviéramos en una cafetería...

¡Nada m'as lejos de mi intenci'on!

Mi tarea como acompa;ante continu'o en la sala de espera. Despu'es de estar tantas horas con aquella mujer no me quer'ia ir de all'i sin saber que todo iba bien.

Bruno naci'o cinco horas despu'es. Prefiero no entrar en detalles en este momento, pero a'un quedar'ian alg'un que otro susto antes de que el beb'e estuviera en los brazos de su madre.

El inevitable aparato de monitorizaci'on, despu'es de estar durante toda la noche dando valores absolutamente normales, y de tenernos en exceso pendientes porque no se perdiera el latido del beb'e en la pantalla, aunque la madre no pudiera soportar el dolor. Despues de que la matrona estuviera durante horas mirando a la pantalla, m'as que a los ojos de la madre..., despu'es de todo esto decidi'o estropearse...,
y claro, todos pensaron que hab'ia un problema con el beb'e...

Cuando el problema era con el aparato!!!!!!!

Doy las gracias a las matronas del Hospital del Tajo por su flexibilidad y apertura al aceptar mi presencia en el paritorio.

Bruno y Alejandra est'an ahora muy felices disfrutando de su primer mes juntos.

Aunque yo me quedo con la duda de qu'e hubiera ocurrido si hubieran permitido a Alejandra quitarse las correas cuando empezaron a ser demasiado inc'omodas. Para llevar las contracciones con la mayor eficacia posible es necesario aflojarse y dejarse llevar por la ola. Esto es imposible de hacer en medio del dolor insoportable del monitor.

Posiblemente retirarle las correas hubiera facilitado el proceso de dilataci'on y no se hubiera quedado estancado durante horas. Quien puede saberlo...

Ahora s'olo queda reflexionar, y aprender..., para mejorar.

Gracias Ale, Alejandro y Bruno. Por tanto calor. Por tanta vida.

1 comentario:

N e j s r e t dijo...

Gracias por contarnos estas historias.